TRADICION AUTOCTONA EN AMERICA

 

LA TRADICION PRECOLOMBINA

 

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A finales del siglo XV y en el XVI los europeos ‘descubrieron’ América. Sin embargo, la Tradición Precolombina existía desde siempre y era conocida esa existencia por la antigüedad según testimonio de Platón, el cual, hablando de la Atlántida, continente-isla desaparecido por una catástrofe, nos dice que sus colonias se hallaban esparcidas por occidente en pequeñas islas, archipiélagos y tierra firme. Asimismo, otras de las colonias de este continente se hallaban en Africa y Europa y de ellas son herederas nada menos que Egipto (y por su intermedio Grecia y todo Occidente), Caldea (de injerencia fundamental en los pueblos de medio-oriente y mediterráneos) y los celtas (de particular influencia en España, Irlanda, Inglaterra y Francia).

Sin embargo, durante siglos fue tabú el cruzar las columnas de Hércules y penetrar el océano Atlántico (la raíz Atl, se encuentra aún hoy muy difundida entre los pueblos Nahuatl) lo que finalmente por imperativos cíclicos e históricos fue llevado a cabo por España, seguida de Portugal y posteriormente de Inglaterra, Francia, Holanda, etc. Fue así como se ‘descubrió’ América y a partir de ese momento ella se convirtió en el objetivo económico de toda Europa, encandilada exclusivamente por el oro y las riquezas de esas tierras, a tal punto que no supieron prestar ninguna atención a la cultura de ese inmenso continente, a su tradición y sus hombres, los cuales fueron exterminados físicamente, y menospreciados sus ritos, mitos, símbolos, usos y costumbres, expresiones vivas de su concepción cosmogónica y teogónica. Esta última situación se ha prolongado hasta nuestros días, y sólo una minoría de estudiosos (en particular desde mediados del siglo XIX y en el transcurso del XX) se ha dedicado a rescatar los valores tradicionales precolombinos, los cuales se encuentran en número indefinido y por doquier, en los cientos de pueblos (y lenguas) distintos que se hallan esparcidos desde Alaska a la Tierra del Fuego. Sin embargo, todas estas naciones, que incluían tanto a pueblos nómades o seminómades como a medianas o grandes civilizaciones, tienen un obvio origen común, a pesar de sus diferencias culturales, muchas de ellas surgidas como adaptaciones geográficas e históricas diversas, e incluso por posibles contactos con otras sociedades.

El estudio de la Tradición Precolombina es importantísimo tanto para aquéllos que por una u otra razón han tenido contacto con América, como para los investigadores de las tradiciones, religiones y filosofías comparadas. Particularmente de los símbolos, ritos y mitos, pues se podrá comprobar, con sorpresa, cómo esta cosmogonía y teogonía se identifican con las mediterráneas (a tal punto que los sacerdotes cronistas de la conquista no dejan de destacar las estrechas relaciones con el judaísmo y el cristianismo) y aun con las de la India y China, para dar sólo un par de ejemplos, demostrándose la identidad esencial de todas las tradiciones, vivas o muertas, como es este último el caso de la Precolombina, cuyos símbolos esperan ser revivificados para transformarse en energías actuantes en el desquiciado y crepuscular mundo moderno. Debe, sin embargo, el lector actuar con suma prudencia y no dejarse tentar por falsos indicios o entusiastas aspiraciones. Tal vez podría tomar la reconstrucción de este inmenso rompecabezas que plantean las antiguas culturas indígenas, u otras igualmente poco conocidas, como auxiliares en la propia Iniciación; sobre todo si se pudiera comprender la simbólica de esta Tradición como arquetípica, y por lo tanto capaz de manifestarse y actuar en nuestra psiquis, en nuestra propia vida. Cerramos con un fragmento del Peri Agalmaton de Porfirio, apropiado para la idea de la vivificación de una Tradición prácticamente muerta.

“Desvelo nociones de una sabiduría teológica; es Dios y las potencias de Dios lo que los hombres han revelado mediante estas nociones. Lo han hecho a través de imágenes apropiadas a los sentidos, imprimiendo las cosas invisibles en las obras visibles, para aquéllos que han aprendido a descifrar en las representaciones lo que se encuentra grabado referente a los dioses, de la misma manera que se haría en los libros. Además, nada hay de extraño en que los más desprovistos de instrucción tomen a las estatuas por bloques de piedra o de madera, exactamente como aquéllos que no saben leer no ven en las estelas, las tablas o los libros, más que piedras, maderas o papiro encuadernado”.

 

 

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