Procesiones y sacbeob de las Tierras Bajas del norte en el Clásico maya

    • Procesiones y sacbeob de las Tierras Bajas del norte en el Clásico maya

      6. Las calzadas o sacbeob cumplieron sin duda una variedad de propósitos. Uno de los más importante era el uso que se les daba como “escenarios”. Diego de Landa, obispo franciscano en Yucatán (siglo xvi), afirmaba que las calzadas de la península eran usadas por familias nobles y encargados de los ritos para efectuar procesiones en honor de los dioses portadores del año. a) Kabah, Yucatán. b) Dzibilchaltún, Yucatán. c) Labná, Yucatán. Fotos: Sergio Autrey, Enrique Vela / Raíces

    6. Las calzadas o sacbeob cumplieron sin duda una variedad de propósitos. Uno de los más importante era el uso que se les daba como “escenarios”. Diego de Landa, obispo franciscano en Yucatán (siglo xvi), afirmaba que las calzadas de la península eran usadas por familias nobles y encargados de los ritos para efectuar procesiones en honor de los dioses portadores del año. a) Kabah, Yucatán. b) Dzibilchaltún, Yucatán. c) Labná, Yucatán. Fotos: Sergio Autrey, Enrique Vela / Raíces

Traci Ardren

Las procesiones rituales tienen una extensa y rica historia en el área maya. Las de hoy, con frecuencia en honor de un santo patrono, recurren a las prácticas mayas más antiguas que incluían música, vestimentas y ofrendas de alimentos o incienso. En el periodo Clásico, las calzadas mayas se emplearon como rutas procesionales, un proceso peculiar en la antigua vida urbana.

Cada otoño, en Mérida y en todo el territorio yucateco, las comunidades mayas se reúnen en concurridas procesiones religiosas que parten de la catedral principal. Vestidos con relucientes ropajes, músicos, sacerdotes y devotos de toda condición participan en una importante celebración anual organizada por los gremios para honrar y festejar a su santo patrono (fig. 2). Aunque estas tradiciones tienen su origen en el catolicismo temprano, en todo el territorio mexicano las procesiones religiosas modernas también cuentan con una historia incluso más profunda: la de las procesiones rituales prehispánicas. Así como los gremios modernos hacen un recorrido por las calles de Mérida que comienza y termina en la catedral principal, el antiguo pueblo hacía recorridos rituales y contaba con lugares específicos para efectuar sus procesiones sagradas. Algunos de esos rasgos, como calzadas (llamados sacbé en maya, sac-beob en plural) y plazas, estaban imbuidos de la misma pasión y dedicación espirituales que en las catedrales. Los sacbeob dentro de los límites del sitio, que comunicaban plazas y estructuras rituales, son un claro ejemplo de cómo el antiguo pueblo maya construía un espacio particular para escenificaciones sagradas. Esos lugares determinaban la manera en que participaban en la vida religiosa todos los que vivían en las antiguas ciudades mayas.

Las procesiones en la sociedad maya

Casi todos los pueblos de Yucatán tienen por lo menos uno o más gremios organizados en torno a una ocupación o residencia compartidas, y estas agrupaciones sociales patrocinaban elaboradas procesiones rituales para honrar a un santo patrono. La historia de los gremios se origina a principios del siglo xvii, cuando el catolicismo tuvo una presencia notable en la península y muchas prácticas tradicionales mayas se incorporaron a la nueva tradición religiosa. Documentos en lengua maya de la época colonial, como los Libros del Chilam Balam, describen la relevancia de las procesiones en la sociedad maya. En esas narraciones histórico-míticas, las procesiones a poblaciones importantes ayudaban a consolidar los territorios de diversos linajes, así como a mantener el orden del universo. Parece que estas historias –que al principio eran relatos orales– fueron interpretadas, o actuadas, durante las procesiones hacia las poblaciones y lugares mencionados en las historias. Como argumentó recientemente Amara Solari, la presencia de piedras talladas prehispánicas a la entrada del monasterio de San Antonio de Padua en Izamal, sugiere que los peregrinos indígenas continuaron asociando este antiguo centro de poder con rituales de la creación y mantenimiento del mundo, incluso durante los cambios catastróficos del siglo xvii (Solari, 2013).

Un manuscrito colonial yucateco conocido como El libro de los cantares de Dzitbalché contiene el siguiente fragmento acerca de los preparativos de una celebración para recibir el año nuevo, el cual da una idea de la diversidad y la agitación de una procesión: “Han llegado los músicos cantores, los bufones, danzantes, contorsionistas, saltadores, corcovados y espectadores. Toda la población ha llegado detrás de Ah Ahau Can para disfrutar de lo que ocurrirá en el centro de la plaza de nuestra comunidad” (Barrera Vásquez, 1965) (fig. 1). Los códices del Posclásico maya, principalmente el de Dresde y el Madrid, contienen valiosas representaciones de procesiones rituales, en especial los rituales del portador del año que marcan la transición del año viejo al nuevo. Estas ceremonias, que se efectuaban en los últimos cinco días del año viejo, incluían una elaborada procesión de sacerdotes y sacerdotisas a lo largo de un circuito ritual. Los participantes llevaban imágenes de dioses así como diversas ofrendas a los marcadores de piedra situados en las entradas de su población, y luego a las casas de los encargados de los rituales y por último al templo en el centro del poblado. Algunas inscripciones en los códices indican que esas procesiones eran una recreación ritual de los sucesos de la creación. Un componente clave de la ceremonia era delimitar el espacio que definía el mundo de los vivos. Hacer este recorrido con sustancias sagradas y en presencia de los dioses era esencial para el ritual, y aun el número de pasos estaba determinado. En el Códice de Dresde, p. 35a, se muestra a Chaac, deidad de la lluvia, vistiendo una capa adornada con huellas de pies y en otras ocasiones en procesión (fig. 3).

En murales y vasijas de cerámica prehispánicos también se representan con gran detalle procesiones rituales del antiguo pueblo maya. Los murales de Bonampak, con sus músicos y bufones, son bien conocidos. En los murales del Clásico Tardío de Chacmultún, Yucatán, además se representa una procesión de guerreros y otros personajes; asimismo, los paneles grabados de X’telhu dan un indicio de la riqueza de vestimentas y tocados, elementos esenciales en las procesiones rituales (fig. 4). Algunas figuras en los paneles de X’telhu visten capas de piel de jaguar, otras llevan cinturones de jade, tocados de serpiente emplumada o cetros excéntricos de pedernal. Todos estos elementos exóticos refuerzan el estatus de elite de los ejecutantes y recuerdan a los espectadores que la oportunidad de realizar rituales sagrados era algo que sólo ciertos individuos disfrutaban. Asimismo, al escenificar esta procesión, los celebrantes entendían y consolidaban su noción de privilegio social.

Sacbeob y procesiones

Hay cientos de antiguas calzadas por toda la zona maya, principalmente en las Tierras Bajas mayas del norte. Con frecuencia, esos caminos conducen desde el centro de una antigua ciudad hasta un grupo arquitectónico relevante en el exterior. También es frecuente que comuniquen dos espacios ceremoniales en el centro de la ciudad o que vayan del centro hacia un importante aspecto natural del paisaje. Los sacbeob se construyeron en el Preclásico Medio, y algunos se conservaron en buenas condiciones después de la llegada de los españoles, lo que indica que eran una parte fundamental de la manera en que el paisaje fue manipulado y entendido a lo largo de la historia maya prehispánica (Benavides, 1981).

Sin duda, las calzadas tuvieron diversas funciones. Los especialistas sugieren que se construyeron para facilitar el transporte habitual de la gente, el traslado de bienes que efectuaban los comerciantes, el establecimiento o reforzamiento de alianzas y fronteras políticas, el fortalecimiento de relaciones de parentesco e incluso el control del agua. Estas explicaciones, aunque posibles, pasan por alto el carácter de escenario de esas amplias avenidas pavimentadas. En sus escritos acerca de la vida maya yucateca, el obispo franciscano del siglo xvi Diego de Landa apuntó que las calzadas de la península fueron utilizadas para realizar procesiones rituales por familias nobles y encargados de los rituales que dirigían las ceremonias del portador del año. Los sacbeob funcionaron como senderos sagrados a lo largo de los cuales los encargados de los rituales trasladaban imágenes de deidades y sustancias sacras dentro y fuera del centro de una población, con lo que llevaban energía sagrada desde el templo hasta la periferia y de regreso, en una forma de intercambio recíproco que recreaba cómo la fuerza vital, ch’ulel, fluía en el mundo.

Los rituales de la época del contacto que Landa describió tenían su origen desde hacía 1 500 años o más. Los primeros sacbeob en el área maya son del Preclásico y por lo general son calzadas dentro del sitio que comunicaban escenarios en los que se llevaban a cabo rituales, como plataformas o plazas. De hecho, esas formas de arquitectura monumental aparecieron en centros mayas más o menos por esa época, justo cuando las elites emergentes construyeron arquitectura monumental pública para crear espacios centrales para la exhibición de su estatus privilegiado. El diseño geomántico del sacbé 6 de Yaxuná se estableció a partir del Preclásico Medio. Va de norte a sur, desde un templo hasta el centro del sitio, donde está cubierto por arquitectura posterior. Esta misma orientación norte-sur se utilizó en el Preclásico Tardío en el sacbé 3, el cual junto con el sacbé 5 formó un kan o cruz, a lo largo de un eje este-oeste (fig. 5).

En el Preclásico, en Komchén se construyó un sacbé que iba de norte a sur y comunicaba dos grandes plataformas rituales. En el Clásico, cuando los centros urbanos adquirieron mayor complejidad, la concepción del sacbeob también se diversificó, pero los caminos más cortos dentro de los límites del sitio que vinculaban importantes áreas de escenificación siguieron siendo construidos y mantenidos; son bien conocidos en sitios como Labná, Sayil, Ek’ Balam y Cobá (fig. 6). La importancia de estos muy visibles escenarios continuó cuando en el Clásico los dirigentes de la elite de los centros urbanos mayas se empeñaron en retener el apoyo de sus pobladores mediante formas siempre más dramáticas de escenificación ritual.

Las escenificaciones ceremoniales en las escaleras de una pirámide o sobre una ancha calzada entre templos ayudaron a crear la atmósfera excepcional que existió dentro de las antiguas ciudades mayas. Esos rituales permitían a las elites mostrar el acceso al poder sobrenatural que decían tener, y compartir ese poder con la población. La participación en una colorida y exuberante procesión, aun como espectador pero especialmente como participante, creó un vínculo social entre los ciudadanos. Aunque esos rituales no estaban al alcance de quienes vivían en áreas rurales, eran un elemento decisivo de la vida urbana. El paisaje urbano acumuló riqueza espiritual y material mediante estas procesiones, la cual se distribuyó entre todos los habitantes de la ciudad de manera que no dependía de la palabra hablada o el texto.

Conclusión

Las procesiones sagradas tienen una historia extensa y llena de vitalidad en el área maya. Las calzadas para definir un circuito sagrado fueron una de las primeras formas de arquitectura monumental en las ciudades mayas. Este tipo particular de construcción se prolongó durante todo el periodo prehispánico y posteriormente. Los desplazamientos rituales a lo largo de los sacbeob, en especial las calzadas internas del sitio que comunicaban escenarios, permitieron el flujo de fuerza vital, desde la fuente al receptor y viceversa. La presencia de lossacbeob en las ciudades mayas indica que la vida urbana estaba compuesta, en parte, por experiencias rituales excepcionales y escenificaciones sin paralelo en otros lugares del antiguo mundo maya.

Nota: Las ideas principales de este artículo fueron expuestas previamente en una conferencia dictada en Dumbarton Oaks Research Library and Collection (octubre de 2014).

Para leer más…

Barrera Vásquez, Alfredo, El libro de los cantares de Dzitbalché, Investigaciones, núm. 9, inah, México, 1965.

Barrera Vásquez, Alfredo, y Silvia Rendón, El libro de los libros de Chilam Balam, fce, México, 1963.

Benavides Castillo, Antonio, Los caminos de Cobá y sus implicaciones sociales, inah, México, 1981.

Fray Diego de Landa, Relación de las cosas de Yucatán, ed. de Ángel María Garibay Kintana, Editorial Porrúa, México, 1959.

Solari, Amara, Maya Ideologies of the Sacred: The Transfiguration of Space in Colonial Yucatan, University of Texas Press, Austin, 2013.

Traci Ardren. Profesora y directora del Department of Anthropology en la University of Miami. Ha dirigido exploraciones en Xuenkal y Yaxuná, Yucatán. Estudia la manera en que las identidades sociales se comunican a través de objetos y arquitectura. Autora de Social Identities in the Classic Maya Northern Lowlands: Gender, Age, Memory, and Place, de próxima aparición.

Tomado de Ardren, Traci, “Procesiones y sacbeob de las Tierras Bajas del norte en el Clásico maya”, Arqueología Mexicana núm. 132, pp. 22 – 27.

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